sábado, 17 de diciembre de 2011

Creer o no creer

BH
Esa es la cuestión...
O tal vez deberíamos decir saber o no saber - porque uno puede creer muchas cosas, pero no por ello las sabe.

Si me preguntan si he visto a fulanito, diré que lo he visto o no lo he visto. Es algo que sé.
Si no estoy segura, diré que creo que sí o que creo que no lo he visto. No lo sé.
Yo no creo en Su existencia. La práctica de las mitzvot me ha llevado a saber de Su existencia.
Y el entendido, entenderá...

Los no entendidos, tal vez deban dejar de cuestionarse Su existencia y empezar a preguntarse acerca de la de ellos mismos. ¿Para qué hemos venido a este mundo?¿Qué tenemos que hacer aquí?¿Cómo tenemos que hacerlo? Igual así algún día llegan a saber en vez de creer.

Noam ya tiene casi 9 años - y sus respuestas al igual que sus preguntas van dejando ver su madurez. Él ya sabe. No cree.

Vamos andando al colegio. Estamos hablando sobre la diferencia entre hacer algo y querer algo.

¿Si te pagasen 1.000.000 € te comerías un huevo duro? - Noam detesta el huevo duro.
No, no me lo comería.
Veamos si se lo puedo explicar.
¿Si te pagasen 1.000.000 € - con ese dinero te puedes comprar todos los Legos que quieras y los libros de Tintín además de poder ir a Disney de nuevo - te lo comerías? Solo sería un momento asqueroso, pero luego mira todo lo que podrías hacer...
Sí, sí me lo comería, pero hay cosas que ni por ese dinero haría.
Ni yo Noam. ¿Qué no harías por ese dinero?
No permitiría que nadie te hiciese daño mamá.
Gracias Noam - yo tampoco permitiría que nadie te hiciese daño ni por ese dinero ni por nada en el mundo. Tampoco me comería un trozo de jamón, ni unas gambas. ¿Y si alguien te pagase 100.000.000 € para que te gustase el huevo duro?¿Te gustaría?
No. Claro que no, porque una cosa es hacer algo y otra cosa es quererlo o que te guste.
Muy bien Noam, veo que lo has entendido.

Seguimos andando.
Mamá, acabas de hacer una gran mitzvá.
Me quedo helada - y no de frío.
¿Y eso Noam?
Lo decimos todos los días al decir la Shemá - y hablarás de ellas cuando estés sentado en tu casa y cuando vayas en tu camino - y eso es lo que tú haces mami todos los días. Me enseñas la Torá todos los días y eso es una gran mitzvá.

Nos abrazamos. Dejo a Noam en el colegio y vuelvo a casa - las lágrimas son inevitables y tan dulces como el camino que recorremos a diario con Noam dondequiera que vayamos.
No es algo que crea.
Sencillamente lo sé.

lunes, 12 de mayo de 2008

¿INVENTAR O DESCUBRIR?

B´H

¿Mami, quién inventó la electricidad? – lunes, 9:05 de la mañana. Noam en el asiento trasero del coche, yo conduciendo de camino al cole.

Como dice él cuando yo le pregunto: “Buena pregunta” – “Pues verás Noam, la electricidad la inventó HaShem y algunas personas como Benjamin Franklin descubrieron cómo usarla”.
Noam lo entendió perfectamente: “Ah! Como América, ya estaba ahí hasta que la descubrieron, ¿no mami?”.
“Exacto, como América, Noam, ya estaba “inventada” hasta que las personas la descubrieron”.

Sigo dándole vueltas al tema del Kashrut. Me resulta muy difícil explicar otras mitzvot si antes no has entendido la importancia del Kashrut. Es como intentar enseñar a leer a alguien que sólo sabe algunas de las letras que componen el alfabeto, pero no las sabe todas. Cuando esta persona intente leer un libro, no entenderá lo que está leyendo y lo más probable es no termine de leer el libro. Lo mismo sucede con el Kashrut. Si no lo has probado, no lo vas a entender, ni vas a poder entender el resto del “libro de instrucciones”.

El Kashrut es algo así como “la toma de conciencia”. Hay tantas leyes que lo rodean que es imposible cumplirlas todas si no entiendes realmente qué estás haciendo: Si cae una gota de leche en un guiso de carne y la proporción de la leche es menos de una sesentava parte del volumen del guiso de carne, ¿se puede comer el guiso? ¿Y si un tercio de una cuchara de la vajilla de carne se ha sumergido por accidente en una cacerola que contiene comida láctea? ¿Qué pasa con la cuchara? ¿Y con la comida? ¿Y qué hacemos con la cacerola?

Cuando empiezas a comer Kosher (o Kasher, es lo mismo), empiezas a tomar conciencia de todo lo que te rodea y de todo tu interior.
Descubres, no inventas. Como la electricidad, como América.
Situaciones que antes pasaban delante de ti y que no tenían mayor trascendencia, de pronto, se vuelven muy relevantes. Ya hemos hablado de los “velos” que se depositan sobre tu corazón cada vez que ingieres algún alimento no Kasher. Pues cada vez que ingieres un alimento Kasher, des-cubres algo que estaba inventado pero que no eras capaz de percibir.

Supongamos que has tomado la decisión de comer Kasher y no quieres meter en tu cuerpo nada que sea Taref. Para saber si algo es Taref o no, tienes que conocer las leyes del Kashrut, de lo contrario lo único que conseguirás es tener buenas intenciones y nada más.
Cuando empiezas a profundizar en dichas leyes, vas entendiendo que a pesar de que el Kashrut está por encima de nuestra comprensión tal y como explicó el Rambam, las Halajot que nuestros Jajamim nos han dado, nos permiten entender el funcionamiento interno del Kashrut a la perfección. Todas, absolutamente todas las leyes del Kashrut, tienen una coherencia y una lógica… totalmente Kasher, valga la redundancia.

Te acabas de comprar un coche nuevo. ¿Le pondrías Diesel en vez de gasolina? Supongo que no, a menos que lo hagas por error. Por eso cada vez que vas a la gasolinera, te tomas la molestia de leer qué es lo que le vas a echar a tu coche: sin plomo 95, sin plomo 98, Diesel… Lees la etiqueta que hay en los diferentes surtidores y eliges el combustible adecuado para tu coche. Los demás combustibles no son malos, pero no son aptos para tu coche.
Cuando descubres el Kashrut, de pronto, esas comidas que antes estaban ahí y que no te suponían ningún problema, se vuelven como Diesel para tu coche de gasolina. Y ya no quieres comerlas. Nadie te lo impide, sencillamente sabes que no son aptas para ti.
De pronto descubres tu Neshamá, descubres esa parte de ti que ya estaba inventada pero que antes no habías sido capaz de descubrir. Como la electricidad, ya estaba inventada, solo la descubrimos.
Nosotros descubrimos el Kashrut, pero ya estaba inventado. Como América.

Besorot Tovot

jueves, 1 de mayo de 2008

AUNQUE SIGAS SIN CREER

B´H



KASHRUT: To be, or not to be.

La mesa está puesta. Noam ya está sentado en su sitio, tiene hambre.
Traigo un plato con algo que para él es nuevo, nunca antes lo ha comido. Nunca antes lo ha visto.
“No me gusta”
“¿Lo has probado? Pruébalo y luego, si no te gusta, no te lo comes”.

Mis amigos no judíos entienden y respetan mi decisión de comer Kosher con mucha más facilidad que muchos de mis correligionarios. Claro, a ellos no les crea ningún conflicto. Ellos saben que soy judía, que soy diferente. Ni mejor ni peor, sencillamente diferente. Lo que yo haga o deje de hacer tiene una explicación clarísima para ellos: Natalia es judía. Pero para los que son judíos, la explicación no es tan sencilla. Si Natalia es judía y yo soy judío, ¿por qué ella – que es como yo – come Kosher y yo no?

La prohibición de comer productos que no son Kosher, entra dentro de la categoría de Jok – es decir, ley. Esto es un decreto que va más allá de la comprensión humana (Rashi Vayikra, 19:19, Bamidbar 19:2, Rambam, end of Hilchos Me´iela). No obstante, el Rambam – Maimónides – nos enseña que debemos intentar entender al máximo de nuestras capacidades todas y cada una de las Mitzvot.

A Noam le han detectado una alergia, concretamente, al cacahuete. Cuando el médico le realizó las pruebas, pude ver con mis propios ojos cómo su suave y delicada piel se hinchaba y enrojecía en cuestión de segundos al entrar en contacto con una gotita minúscula de extracto de cacahuete.

De la misma manera, cuando comemos algún producto que no es Kosher, aunque sigas sin creer en los Principios Universales y Objetivos, nuestra Neshamá reacciona. Y vaya si reacciona.

Según nos explica el Chazal (Mesechta Yoma 39a), se “obstruye” nuestro corazón, se produce el Timtum HaLev. Nos cuesta más entender las cosas – estamos mucho menos afines a captar la Torá. Es como si cada vez que comemos algo que no es Kosher, un finísimo velo se posara encima de nuestro corazón, de nuestro Lev. ¿Cuántas veces comemos al día? ¿Cuántos velos diarios estás depositando en tu corazón?

¿Y si la razón por la que no crees es porque tienes el corazón tan obstruído? Claro, es la pescadilla que se muerde la cola: como no crees, no comes Kosher. Como no comes Kosher, sigues obstruyendo tu corazón. Como tienes el corazón obstruído, no crees. Y como no crees, no comes Kosher… y así podríamos seguir eternamente.

Desde que Noam empezó a dialogar conmigo, creo que habré oído unos cuantos cientos de veces eso de: “No me gusta” y siempre le he dado la misma respuesta: “Pruébalo. Si no te gusta, no te lo comes”. Empecé a comer Kosher cuando Noam tenía tres años y me sentí bastante ridícula – a mis treinta años había tenido la misma actitud hacia el Kashrut que un niño de tres años de edad – ridícula!!!

Para escalar una montaña, lo primero que tienes que hacer es dar un primer paso. One step at a time. No importa cuan grande o alta sea la montaña, para escalarla, lo primero que tenemos que hacer es dar ese primer paso.

Cuanto más Kosher como, más entiendo. Cuanto más entiendo, más Kosher como. Aunque sea una Mitzvá que entre dentro de la categoría de Jok y esté por encima de mi comprensión, cuanto menos obstruído tengo el corazón, mejor penetra en mí la Torá.

Aunque sigas sin creer, te diré lo mismo que le digo a Noam. Pruébalo. Si no te gusta, no te lo comas. Pero pruébalo, en serio.

Besorot Tovot.

miércoles, 30 de abril de 2008

AUNQUE NO CREAS

B´H


BIKUR JOLIM

OK, primera prueba superada. Me decido a escribir un blog.

Segunda prueba: Elige un nombre para el blog.
Vale, no es un hijo, pero el nombre desde luego marca.
Prueba superada (?)

Tercera prueba: Elige el hilo conductor.
Todo está dentro de la Torá, todo está dentro del texto...veamos... 613... OK, vamos a navegar por las Mitzvot.

¿Pero por cuál empiezo??????... Por favor HaShem, dame una pista...

Hoy han operado a Itzjak ben Simja a corazón abierto. Literalmente le han sacado el corazón, lo han conectado a una máquina, le han hecho una puesta a punto bastante complicada, y se lo han vuelto a poner en su sitio. Que alguien me diga que D-s no existe.

Ayer fui a verlo al hospital. A estas alturas de mi vida, lamentablemente, no es la primera vez que me tengo que enfrentar a una situación así. La diferencia es que es la primera vez que soy consciente de que hago Bikur Jolim - y a estas alturas de mi vida eso es lo que me parece más lamentable aún.

Empecé hace unos 2 años. Una Mitzvá te lleva a otra Mitzvá. Mitzvá goreret le Mitzvá. Una transgresión te lleva a otra transgresión. Averá goreret le averá. Ligror, en hebreo, el Sfat HaKodesh, significa más bien arrastrar, remolcar, no llevar. Como Grar - que es grúa, en hebreo moderno.

Cada palabra, todas y cada una de las palabras están "calculadas" – y nunca mejor dicho. Como casi todo el mundo sabe, cada letra en hebreo tiene un valor numérico. Cada palabra es el resultado de la suma del valor de sus letras. De la misma manera, cada persona es el resultado de una suma de factores. Y ningún factor es casual, así como ninguna letra de ninguna palabra es casual.

Bikur Jolim no es lo mismo que visitar a los enfermos. La acción es la misma. Subo al coche, voy al hospital, visito a la persona que está ingresada, salgo del hospital, subo al coche y sigo con mi día. STOP.
Pregunta: ¿Qué ha cambiado?
Mi percepción. Mis sentimientos.
El mundo está ahí, pasan las mismas cosas, pero lo que cambia es nuestra percepción de las mismas.

Las Mitzvot son las herramientas que tenemos para "activar" ciertos canales de energía, que están ahí, pero que sólo se desbloquean cuando los activamos a través de las Mitzvot. La Mitzvá es, digamos, el vehículo para activar ese canal y ser capaces de percibir las cosas de otra forma.

Ya sé - ahora viene eso de "pero yo no creo en eso".
Espero no sonar grosera, pero TÚ no eres ni el centro ni el Creador del Universo.
Creas o no en las leyes de la gravedad, si te tiras de un décimo piso, te estrellas contra el mismísimo suelo. Prueba hacerlo con una simple copa de cristal. Sujétala por encima de tu cabeza y suéltala. Creas o no el las leyes de la gravedad, se caerá al suelo – y lo más probable es que se rompa. Creas o no en las leyes de la gravedad, ellas actuarán sobre la copa. Lamento comunicarte que creas o no en las Leyes Universales, si haces una Mitzvá, esas Leyes en las que no crees, activan un canal que te lleva – te arrastra, te remolca - a hacer otra Mitzvá.

Lamento comunicarte que si cometes una transgresión, tu corazón se endurece y cometerás otra transgresión.

Supongo que me preguntarás que qué tiene que ver el corazón en todo esto.

La Torá empieza por la letra Bet y termina por la letra Lamed. Si juntamos estas dos letras, obtenemos la palabra LEV. Lev en hebreo, el Sfat HaKodesh, la Lengua Sagrada, significa corazón. Todo está dentro de la Torá, y sino, vuelve a leer desde el principio del blog - perdón por la broma fácil, pero sino vete a Bereishit, que es la primera palabra de la Torá, empieza por Bet y significa algo así como "Al principio". Nada es casual.

Como decía, lamento comunicarte que creas o no, existen unas Leyes Universales - mejor dicho, unos Principios Universales y Objetivos. Lo que cada uno haga con esta información depende única y exclusivamente de cada uno de nosotros. Libre albedrío, que lo llaman algunos. El "Libro de Instrucciones" está ahí, la Torá. Y el "fabricante" se ha tomado la molestia de "añadir" toda serie de explicaciones con todo lujo de detalles a todos los niveles imaginables. Físicos, espirituales, morales, legislativos. Todo sale del mismo texto, de la Torá.

¿Por qué alguien tan “inteligente” y ávido de conocimiento como el Pueblo de Israel – Am Israel - lee, relee y vuelve a leer cada día, cada semana, cada mes y cada año, desde hace unos cuantos miles de años el mismo texto?

¿O no es el mismo texto?

Lamento comunicarte que una vez que lo empiezas a leer, tú ya no eres el mismo. Creas o no en esos Principios Universales y Objetivos, se han activado ciertos canales sólo por el hecho de leer el texto.

Pero volvamos a mi amigo Itzjak ben Simja, al que operaron a corazón abierto esta misma mañana.
Estuvimos hablando cuando fui a visitarlo al hospital. Él, recostado en su cama, yo, sentada al borde de la misma. Me sujetaba la mano. Me hablaba desde el corazón. Tenía muy buen aspecto, mucho mejor que los días anteriores. Los médicos cambiaron la fecha de la operación varias veces. Otro enfermo más grave necesitaba el quirófano, otra prueba, otro cambio de fecha. Y era Pesaj. Itzjak come Kosher. El Kashrut es el gran “desatascador”. En cuanto empiezas a comer Kosher, se activan cientos de canales y, sobre todo, se ablanda el corazón. Espero poder explicar esto en detalle en algún momento, con favor de D-s.

Nos conocimos en septiembre del año pasado en la carnicería Kosher – una de las pocas que hay aquí en Madrid. Nos vemos de vez en cuando, hablamos. Hasta se ha propuesto encontrarme un marido.
Nos vimos hace algunas semanas, tres o cuatro si mal no recuerdo. Su mujer, Felicia, me llamó para avisarme que venía el Admur de Biale. Concerté una cita con él para pedir Refuá Shlemá para una mujer a la que quiero mucho; una amiga de la infancia de Itzjak. Llegué a mi hora, puntual como de costumbre. Según subía la cuesta hasta el Beit Haknesset - la sinagoga - veo a 3 hombres que salen por la puerta. El Admur, su ayudante y un miembro de la comunidad que es uno de los dueños de una de las carnicerías Kosher de Madrid. ¡¡No puede ser!! Pero si habíamos quedado a esa hora. No puede ser que se esté marchando. Lo abordé en plena calle, al mismísimo Admur! Intercambiamos algunas frases en hebreo y me dijo que volviese por la tarde. Dos minutos en total, como mucho. Los tres hombres tenían prisa porque tenían que hacer Bikur Jolim.
Bajo la calle, me dirijo hacia donde había dejado el coche. Suena mi teléfono móvil. Es Felicia. Ni te molestes en venir, Felicia, el Admur se ha marchado. Me dice que no puede ser, que dónde estoy. Alzo la mirada y sólo nos separan 20 metros. Ahí está Felicia, con mi amigo Itzjak ben Simja.
Me invitan a tomar un café, hablamos de Torá, como nos enseña el Pirkei Avot, Capítulo 3, Mishná 3* - *en algunas versiones Mishná 4: "Rabí Shim´on decía: Tres hombres que han comido en una mesa sin intercambiar palabras de Torá, han consumido (en realidad) alimentos para ídolos..." - Ya ni recuerdo hace cuanto tiempo que soy incapaz de mantener una conversación sin que inevitablemente - creas o no en esos Principios Universales y Objetivos - siempre acabe hablando de Torá. Y cada día disfruto más de ello, gracias a D-s.

Itzjak nos invitó a café, hablamos de Torá, de qué libros estábamos leyendo cada uno de nosotros y, cómo no, de a ver si me encuentran un marido que guarde Mitzvot, o al menos algunas – el resto ya vendrán “remolcadas”, creas o no en los Principios Universales y Objetivos. Le dije a Itzjak que me gustaría prestarle uno de mis libros favoritos. Un clásico: El Shaar HaBitajón, el Pórtico de la Confianza. Como ya es costumbre, Bli Neder, te lo traigo esta tarde cuando venga a ver al Admur. Por algo sería que no me recibió por la mañana.
Creas o no en los Principios Universales y Objetivos, están ahí y actúan sobre todos y cada uno de nosotros. Creas o no, nada es casual. Ni una letra de más, ni una letra de menos. Todo está en la Torá. Creas o no.

El orden de los factores no altera el producto. La suma, el conjunto, la totalidad de los factores ES el producto. Las personas somos la suma de los factores de nuestra vida. Las Mitzvot son algunos, solo algunos, de nuestros factores, y creas o no, cada uno suma.

Si sólo crees en aquello que ves, esa es TU limitación. Por el simple hecho de que tú no lo veas, no deja de estar ahí. Ríete de los avestruces, ríete de tí mismo. Creas o no, ya sabes…

Esa misma tarde le dejé el libro a Felicia, el Shaar HaBitajón. Itjak no se sentía bien y aún hacía frío para andar paseando calle arriba calle abajo.

Ayer, cuando me despedí de Itzjak en el hospital, me agradeció por el libro. No me des las gracias a mí. Siempre digo que nosotros no elegimos los libros, en realidad son los libros los que nos eligen a nosotros. ¿Y quién "dirige" a todo ser u objeto que no tiene libre albedrío como nosotros los seres humanos? Él. El Uno y Único. HaKadósh Barúj Hú.

Mi hijo Noam tiene 5 años y hace muchas preguntas. “Mamá, ¿qué es la Neshamá?”, “¿Nuestro perro tiene Neshamá?” “¿Cuál es la diferencia entre la Neshamá de Puppy y la nuestra?”.
La Neshamá es el Alma.
Creas o no en los Principios Universales y Objetivos, todos tenemos Neshamá.
Las Mitzvot son el entrenamiento, la “tabla de ejercicios” para mantener nuestra Neshamá en forma. Cuando vas al gimnasio, haces una tabla de ejercicios. Si estás en forma, sólo necesitas una tabla de mantenimiento. Si no has hecho ejercicio desde que saliste del colegio, te va a costar un poco más. Pero si no te rindes, si pasas esa barrera de la inercia que tú mismo te has puesto, en poco tiempo te pones en forma. Eso sí, toca trabajar duro. Lo mismo sucede con tu Neshamá. Dependiendo de su “estado de salud y forma”, te costará más o menos hacer la tabla de ejercicios, cumplir con las Mitzvot. Mitzvá goreret le Mitzvá. Una Mitzvá te “remolca” a otra Mitzvá. Si has ido alguna vez al gimasio seguro que sabes de qué te estoy hablando.

Para explicar a Noam el tema de la Neshamá, nada mejor que la historia de Joseph. A los cinco años, los niños aún viven en un mundo donde fantasía y realidad no están del todo diferenciados. A Noam le fascinan las historias con héroes casi arquetípicos y villanos malos malísimos de la muerte. Se las sabe todas, nos pasamos el día contando o escuchando historias.
La Torá está llena de historias, para toda persona en todo momento; solo hay que saber encontrarlas e interpretarlas, encontrar un buen maestro y saber qué estamos buscando. Noam me ha enseñado a prestar atención a la importancia que tienen las preguntas. Él ha aprendido a formularlas, afinando mucho, para que yo le pueda contestar. Si me pregunta qué día va a ir a casa de su amigo Guille, obtiene una respuesta. Si no es la respuesta que él quiere, tal vez no hizo la pregunta correcta. ¿Cuántos días faltan para ir a casa de Guille? Esa es otra pregunta, y obtiene otra respuesta.
No puedo seguir sin antes dar las gracias a mis maestros: mis abuelos, mis padres y hermanos, toda mi familia, Rav Moshé Bendahan y la Rabanit Coty, Rav Zukerwar y su mujer Miriam, Rav Goldstein y su mujer Shifra, Chaya Diane Hager, Rav Baruj Garzón y su hija Susana, Judith Halioua, Moré David Acrich, Moré Shem Tov Cohen, Rav Stavsky, Rav Akiva Tatz, mi amiga del alma Eva Sklar, la lista es interminable. Todas – absolutamente TODAS y cada una de las personas que me rodean, todas las personas que HaShem ha puesto en mi camino. De todos y cada uno de ellos aprendo a diario.


La Parashá de Vayigash, en el libro de Bereishit - una de mis favoritas, por cierto - nos cuenta el reencuentro de Joseph con sus hermanos en Egipto. Por si no has vuelto a leer la Torá desde que saliste del colegio, permíteme refrescarte la memoria. Sus hermanos lo habían vendido como esclavo y le habían dicho a su padre, Yaakov, que Joseph había muerto. Lo habían abandonado en un pozo lleno de serpientes y escorpiones. En esta Parashá Joseph se reencuentra con sus hermanos en Egipto. ¿Entiendes por qué me aburren las películas? La Torá nos ofrece historias mucho mejor construídas, porque están basadas en los sentimientos, en el corazón – el Lev, ¿recuerdas, aunque no creas?

¿Qué tiene que ver que los hermanos de Joseph le abandonaran en un pozo lleno de serpientes y escorpiones con la Neshamá de los animales? Si lees en detalle las explicaciones, puedes encontrar todas las respuestas- ¿recuerdas que el “fabricante” nos ha dado todo tipo de explicaciones con todo lujo de detalles a todos los niveles? – pero primero tienes que saber qué buscas, de lo contrario no lo vas a encontrar. Como Noam, tienes que aprender a formular las preguntas para obtener las respuestas que buscas.

Los animales también tienen Neshamá, pero no tienen libre albedrío como los seres humanos, en hebreo Bnei Adam, hijos de Adam. Como ves, en el Sfat HaKodesh, ninguna palabra el casual. Ninguna letra es casual. Hijos de Adam, seres humanos. Nuevamente, si no lo entiendes, vete a Bereishit. Todo está en la Torá.

Nos explicaron nuestros sabios, de Bendita memoria, que puesto que Joseph era un hombre justo, un Tzaddik, HaShem, que lo controla todo en este y todos los mundos, no dejó que le picasen ni las serpientes ni los escorpiones. Él es Todopoderoso, lo creas o no. Busca la explicación, formula la pregunta correcta y encontrarás la respuesta. Los animales también tienen Neshamá, pero no tienen libre albedrío. Creas o no.

¿Entiendes ahora por qué creo que son los libros los que nos eligen a nosotros y no nosotros a ellos? Él lo controla todo. Y por alguna razón nos dió el libre albedrío. Si quieres saber por qué, tal vez debas encontrar la manera de formular la pregunta correctamente. Estoy leyendo "La Sabiduría del Alma", del Ram´jal - Rabbi Moshé Jaím Luzzatto. Aunque no creas, si lo lees, lo entenderás. Tal vez tu Neshamá necesite ponerse en forma para que tu corazón se ablande y puedas entender las palabras. Ninguna de ellas es casual.

Volvamos a mi amigo Itzjak. Salí del hospital llorando. Mi primer Bikur Jolim. Caminaba por el pasillo sin poder contener las lágrimas. No de tristeza, sino de emoción. Gracias y por favor, no podía parar de repetir eso en mi cabeza. Sólo me venían esas palabras a la mente. Gracias y por favor.

Todas las historias cierran, en la Torá no queda ningún cabo suelto. Creas o no en los Principios Universales y Objetivos.

Había visto a Itzjak tan sereno. ¿Cuántas veces me dijo: “Yo confío en Él”? Nos reímos, lloramos, hablamos de Torá – y como no, de encontrarme un marido.

Gracias y por favor. Más lágrimas. Él siempre nos escucha. Shomea Tefilot. Él escucha nuestras plegarias, aquello que pedimos. Y siempre responde. SIEMPRE. Si la respuesta no es la que queríamos escuchar, tal vez debamos formular de nuevo la pregunta. Busquemos la pregunta correcta, porque la respuesta que Él nos da siempre es la correcta. Somos nosotros, como Noam, los que nos equivocamos a menudo al formular las preguntas.

Rav Zukerwar suele decirnos que no tengamos vergüenza de pedir con lágrimas. Mientras conducía de vuelta a casa, pedía con lágrimas por Itzjak ben Simja. Cuando hoy me llamó Felicia para avisarme que todo había salido bien, también pude dar las gracias con lágrimas. Gracias. Aunque no creas.

Aunque no creas, ojalá algún día puedas sentir en tu corazón todo esto que te estoy contando.

Rav Zukerwar me explicó una vez que las palabras son como semillas. Una vez que las has escuchado o leído, quedan en tu cerebro. Son como un puñado de semillas que tiras en tierra fértil. Y si les das los nutrientes correctos, germinan y se convierten en hermosas plantas. Ojalá que HaShem me de las palabras correctas para que también dentro de tí estas semillas germinen y se conviertan en hermosas plantas.

Por hoy, gracias y Besorot Tovot.